Ana María Luengo salió a vender café a las 3 de la mañana con un termo prestado y un frasco de café regalado. Hoy tiene una empresa de catering corporativo. Esta es la historia real de cómo construyó desde cero, sin recursos, sin contactos y con todo en contra.
00:00 Comienzo
00:41 ¿Qué te motivó a emprender y cómo es hacerlo con tan pocos recursos?
03:41 ¿Cuándo entendiste que podía ser algo más grande?
05:03 ¿Cómo te definirías?
Abrazá un propósito. ¡Desafía al mundo e inspirá a otros!
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Te dejo un resumen del podcast:
¿Qué te motivó a emprender y cómo es hacerlo con tan pocos recursos?
Vengo de una familia humilde. Mi mamá vino de Tucumán a Buenos Aires y nos criamos en lo que antes se llamaba Ciudad Oculta, hoy el barrio 15. Yo era cocinera, me dedicaba a mis hijas y a mi casa. En un curso que hicimos teníamos que presentar un catering y ponerle un nombre. Yo propuse Delicias Ocultas, pero una compañera me dijo que nadie nos iba a llamar por ser del barrio. Para mí era todo lo contrario: había que mostrar que la gente de la villa quiere estudiar, capacitarse y salir adelante.
En ese momento atravesaba un momento muy duro. Hacía un año me habían operado de cáncer de tiroides, tenía una hija con discapacidad y mi marido había caído en una depresión profunda después de que su socio lo dejó sin nada. Él es el amor de mi vida y no podía permitir que se hundiera. Le dije: vamos a vender café en la calle. Me dijo que nunca había vendido café. Le dije que yo tampoco, y que íbamos a aprender juntos.
Una amiga nos prestó un termo, otra nos regaló un frasco de café y otra nos enseñó a hacer torta frita. Salimos a las tres y media de la mañana sin saber a qué hora entraban los trabajadores a los frigoríficos de Mataderos. Los otros cafeteros nos marcaban el territorio, así que nos movimos a otra fábrica y ahí arrancó Delicias Ocultas.
¿Cuándo entendiste que podía ser algo más grande?
Cuando empecé a capacitarme todo cambió. Hice cursos de pastelería, panadería, cocina internacional y finanzas con Diagonal y Santander Mujeres Emprendedoras. Ahí aprendí a calcular costos, a fijar precios y a entender qué quería ganar. En el curso nos pedían que visualizáramos a qué cliente queríamos llegar y yo dije: quiero vender a empresas. Desayunos y almuerzos corporativos. Sabía que tenía que facturar, pagar impuestos y profesionalizarme, cosas que en mi entorno nunca se veían como posibles.
¿Cómo te definirías?
Los obstáculos que la vida te pone son oportunidades de demostrar que sí se puede. Descubrí que la pobreza no es una condición sino una decisión, y decidí cambiar el rumbo de mi historia y el de mi familia. La persona que carece de herramientas tiene el gran potencial de ver oportunidades donde otros no las ven. Yo comí cogote de pavo, el corte más barato que existe, y lo convertí en guiso, empanadas y tarta. La carencia te enseña a ver lo que otros no ven.
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