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Crecer sin referentes

Vivir en un pueblo chico no es excusa ni ventaja: es lo que hacés con lo que tenés. En este episodio, mercado chico vs. mercado grande, cómo encontrar referentes cuando no hay nadie cerca y qué hacer cuando el hambre se apaga. 

00:00 Comienzo 

00:42 ¿Qué le decís a alguien que dice que en su pueblo no hay mercado?

01:58 ¿Es más duro tener mucha competencia o estar solo?

02:50 ¿Vos tuviste a quién mirar cuando arrancaste tu negocio?

02:45 ¿Cómo hacés para crecer cuando no tenés a quién copiar?

05:45 ¿Cuál fue el error más caro de no tener referentes?

06:20 ¿Viste crecer a gente que hizo algo distinto?

06:38 ¿El hambre se tiene o se construye?

07:54 Si no tenés competencia cerca que te presione, ¿cómo hacés?

09:05 Si empezás mañana de cero donde nadie te conoce, ¿qué hacés?

Abrazá un propósito. ¡Desafía al mundo e inspirá a otros!

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Te dejo un resumen del podcast: 

¿Qué le decís a alguien que dice que en su pueblo no hay mercado?

La pileta del vecino siempre parece más linda. Pero toda moneda tiene dos caras. En los mercados chicos hay algo que los grandes no tienen: la posibilidad real de conocer a tu cliente y que te conozcan a vos. En una ciudad enorme eso es casi imposible. Además, la competencia en mercados pequeños suele estar menos preparada, el costo de fracasar es menor y la exigencia del consumidor es distinta. No es que no hay mercado, es que el mercado es diferente y hay que saber leerlo.

¿Cómo hacés para crecer cuando no tenés referentes cerca?

Hoy la tecnología lo resuelve en gran parte. YouTube, libros, redes sociales, te permiten estudiar a las personas que la están rompiendo en tu rubro sin necesidad de conocerlas en persona. Pero el paso que la mayoría no da es salir a buscarlos. Identificá quién lidera en tu rubro, primero en tu plaza, después en tu provincia, después en el país. Estudialo, googlealo, leé todo lo que puedas sobre él, y después intentá conocerlo. La posibilidad de que no te responda es alta, pero nunca lo vas a saber si no escribís. Lo que sorprende no es lo difícil que es llegar, sino la cantidad de gente que directamente no lo intenta.

¿Se puede medir con referentes que están lejos o en otro nivel?

Sí. El benchmark no tiene por qué ser alguien de tu mismo pueblo ni de tu mismo tamaño. Es identificar quién hace bien lo que vos querés hacer y aprender de eso. Cuando llegás preparado, habiendo leído sobre esa persona, estudiado su negocio, la conversación tiene otro nivel. Y para la persona del otro lado también es distinto encontrarse con alguien que se tomó el trabajo de conocerla.

¿Nunca se te apagó el hambre?

Por momentos sí. Hay chispazos donde uno dice quién me mandó a meterme en todo esto. Pero al día siguiente arrancás tres proyectos más. Lo que me sostiene es la idea de haber impactado en algo, de dejar las cosas un poco mejor. Creo que entre más uno tiene, mayor es la responsabilidad. Y también descubrí que a medida que construís, amplías la plataforma desde la cual podés multiplicar. Con buena reputación, confianza y credibilidad, todo se vuelve relativamente más fácil.

Si empezás de cero mañana en un lugar donde nadie te conoce, ¿qué hacés?

Le encuentro la vuelta. No me considero una persona inteligente, me considero curioso, inquieto, alguien que viajó y absorbió mucho. Y eso es una ventaja: el que llega de afuera ve cosas que el nativo no ve, porque cuestiona todo desde otra perspectiva. Si no tenés hambre hoy, salí de tu lugar. Viajá, recorré, incomodáte. El cuerpo eventualmente va a pedir alimentarse. El hambre y los sueños aparecen cuando levantás la vista y encontrás referencias más lejanas hacia las cuales apuntar.

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