Dar te lleva a lugares inesperados

/ mayo 18, 2020/ Podcasts

En este podcast, Sebastián nos comparte un poco de lo que fue su charla TEDx en Avellaneda, provincia de Santa Fe. Estación Ewald es un capítulo local de las charlas TED, podés seguirlos en sus redes sociales como @tedxestacionewald. Como siempre, dejanos tus comentarios en podcast@emprendeconproposito.com.ar

Dar te lleva a lugares inesperados

Hace unos días acepté el desafío de dar una charla TEDx. Créanme que el proceso de elección del tema no fue fácil. Tenía que ser yo mismo pero al mismo tiempo ser TEDx. Entonces comprendí que ellos me llamaron por una razón, para hablar sobre mí camino de empresario y emprendedor. Quizá querían entender cuál es la receta para poder crecer, y más, en un país tan cambiante como el nuestro. Nos pusimos a laburar y surgió una pregunta 

¿Cómo lograron que 4.000 personas estén involucradas bajo un mismo proyecto en una misma marca durante 14 años?

La pregunta me hizo reflexionar, y dije: “creo que nuestro secreto es “DAR” es ayudar, servir, agregar valor, pensar en el otro… Y me fui dando cuenta que fue así que accidentalmente me convertí en empresario.

¡DAR te lleva a lugares inesperados!.

Dar es un concepto que uno adquiere, que se aprende. Yo lo aprendí de pequeño observando a mis padres. Aprendí a dar antes de saber leer o escribir. Dar no solo afecta a la persona que recibe, sino que impacta más a la persona que da.

El primer recuerdo que tengo fue de un día que pasamos por una plaza y vimos a un señor, el borracho Ramón. Le dijimos a mis viejos de ir a buscarlo y lo invitamos a casa a limpiarse y a darle de comer. Vimos su transformación, él se convirtió en un huésped temporal de la familia Sosa. Cuando Ramón no venía a casa, lo salíamos a buscar para asegurarnos de que él esté bien. Así que DAR se transformó en un miembro más de la familia. Ayudabamos a quien lo necesitaba en todos lados.

Un día siendo adolescente aparecimos con mi familia en Bielorrusia, fuimos con un proyecto en mente y “accidentalmente” terminamos también ayudando a niños afectados por el accidente de Chernobyl. Junto a mis padres médicos construimos una red solidaria donde personas de de todos lados de Europa participaban con su ayuda. Nos daban ropa, comida y luego nosotros volvíamos a repartirlo. 

En el medio de este nuevo idioma y cultura yo tenía que estudiar, cumplir con ciertas obligaciones… Ahí es donde el “DAR” implicaba sacrificios, ceder, salir de la zona de confort. En ese tiempo me invadía una sensación de duda, de planteos. 

Con el correr del tiempo empecé a sentir la necesidad de prepararme y capacitarme para poder continuar haciendo esto que disfrutaba que era dar, ayudar, viajar el mundo, representar a mi país haciendo cosas. Para eso necesitaba también invertir en mí. Recuerdan que les dije que DAR impacta tanto en el que dá como en el que recibe. ¡Eso también lo aprendí!. 

Un día apareció Darell, un amigo que conocimos en una clínica de asistencia médica donde a veces venían extranjeros.  Nos sentamos en nuestra pequeña cocina en Minsk y le dijo a mi viejos que había visto el trabajo que estábamos haciendo. El quería devolver algo por lo mucho que estábamos dando. Y ahí dijo: “Me gustaría invitar a Sebastian a estudiar a Estados Unidos,  yo me voy a hacer cargo de todos los gastos de educación para que pueda formarse en la universidad que elija”

Me di cuenta que ahora yo estaba recibiendo a raíz de todo aquello que mis padres habían dado.

Así llegué a Estados Unidos. Los comienzos no fueron fáciles y ahora tenía que adaptarme solo, sin mi familia. Pero tenía un sueño, un deseo: quería volver a Argentina aportando mi granito de arena. Con esa visión, convicción y propósito presentes me puse a estudiar una carrera que terminé en tiempo récord.  Entre medio de todo esto la conocí a Dotti e inmediatamente tuve la sensación de que sería mi compañera el resto de mi vida. Una mujer increíble con un corazón inmenso, otra fanática de DAR. Al poco tiempo de conocernos y con esta convicción que sentía le comenté que quería volver a la Argentina para hacer algo y si quería prenderse en ese sueño. Ella se contagió de esa locura y ahora éramos dos los que perseguíamos lo mismo.

Mientras seguiamos en la busqueda del puente que nos lleve a Argentina conocí a una amiga de mi mujer que me propuso trabajar en bienes raíces, en una inmobiliaria. Por más que no tenía nada que ver con lo que buscábamos, acepté la propuesta. Ingresé al mundo del sector privado con 26 años y por primera vez en mi vida recibí un cheque. En mi labor me di cuenta que esta era otra oportunidad de DAR. Podía ayudar a las personas, pero en vez de ser en clínicas, en escuelas o iglesias, era ayudarlas a encontrar su hogar. Por si no lo saben, muchas veces este proceso es estresante y yo podía ayudarles a invertir bien todos los ahorros de su vida entera. 

Una noche, en un evento con Dotti, vimos de una manera bien clara como todo esto iba a suceder. No sé si algún día les paso que sentis como que estás viendo lo que va a ocurrir. Es algo fuerte. Nos miramos y nos dijimos: “Que piola estaría si pudiésemos llevar este proyectó a la Argentina, esta forma de DAR”…

Así que hicimos las valijas y dimos el primer paso. 

Emprender en Argentina fue difícil, como de otra dimensión. Vendimos todo lo que teníamos y no alcanzó. Comenzamos pronto a acumular deudas, la gente a la que explicamos lo que hacíamos no nos entendía. Durante 5 años solo parábamos para comer y dormir. Luego hubo un momento de parar la pelota y hacer un balance. Sentía frustración, bronca, duda. La cabeza se me lleno de preguntas. ¿Seré yo la persona para llevar este proyecto adelante?…¿habré nacido para ser empresario? Decidí tomarme un tiempo y alejarme del proyecto. 

En este mismo momento, a mi hermano menor, Fede,  le encontraron un tumor, y todo se empezó a complicar. El panorama era cada vez peor y lo operaron varias veces. Todo era bastante desalentador. Por delante tuvimos 5 años de 30 cirugías.  Recuerdo de él la actitud, la cabeza con la que manejo esta situación. Él se enfocaba en “vos” por mas que estaba enchufado a varias máquinas. En la última operación, le estaban por trasplantar 8 órganos, estaba listo para entrar al quirófano y me hace señas, me dijo:  “Sebas no te olvides de comprarle empanadas a las enfermeras”. Se lo llevan y me vuelve a llamar: “Pero no te olvides”. Ese fue el humor, la generosidad, el DAR de él. 

Eso me ayudó no solo a pasar el momento que estábamos atravesando sino que me sirvió también para darme cuenta donde había puesto mi foco. Estaba en llegar a fin de mes, en lograr los objetivos del negocio, en la presión que te impone la casa matriz, la sociedad, en la apertura de locales, pero no en DAR, en servir, en pensar en el otro. 

La historia de Fede me recordó de qué se trata la vida y emprender. Se trata de pensar en el otro más allá de todo. Eso me permitió regresar a Re/Max renovado, convencido de que se podía trabajar de otra manera con los mismos valores que había aprendido en mi infancia.

Con el crecimiento de la empresa el desafío es diario es mayor, pero buscamos y deseamos genuinamente que cada emprendedor que se suma al proyecto entienda PARA QUE montamos esta empresa, y cuales son nuestros valores, cuál es nuestra pasión! 

Sé que podemos ser mejores empresarios, mejores mujeres y hombres profesionales si primero somos mejores personas. Con todos los espacios de mejora que tenemos en la empresa, que son muchos, estoy convencido que el DAR es lo que nos llevó a ser una de las empresas líderes en la región. 

Y lo lindo, es que los valores que aprendí durante mi vida, ya no son solo míos o de Fede o los de Dotti sino que son de muchas de las personas que integran a la red de emprendedores y tal es así que están escritos en varias paredes de las oficinas para recordalos todos los días. 

si 4.000 emprendedores en Argentina  y Uruguay han podido encontrar un lugar en donde crecer y desarrollarse por esta locura de dos jóvenes de DAR… ¿Qué Argentina y qué MUNDO podríamos construir si todos daríamos un poco de nosotros?

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